lunes, 1 de octubre de 2012

Cuando cumplí 18 años, yo estaba esperando soñar con mi amigo imaginario, el que tuve cuando era muy niño, el que era igual a mi. Esperaba hablar con él, y tener una especie de armisticio en armonía, un acuerdo en el que él viviría su vida, y yo la mía.
Pero no fue así. Esa noche soñé algo totalmente diferente. Soñé que yo era un papalote rojo de papel, y estaba volando sobre un cielo nublado, y empezaba a llover. Las gotas caian tan fuerte sobre mi espalda que pensaba que en cualquier momento llegaría a caer. Entonces, en mi mente, me repetia: "Tienes que llegar a ser alguien mejor"
Hoy cumplo 21 años. Hoy, recuerdo lo que soñé de nuevo.

Estaba parado, era yo mismo, tenía los pies bien puestos sobre la tierra. Era un atardecer soleado, y hasta podía sentir un ligero viento sobre mis hombros. Estaba en un cerro silvestre, y habían varios caminos ya hechos. Yo estaba estático, contemplando el paisaje, callado, observando todo. Mirando el atardecer, creo que en el fondo había un mar. Entonces, de estar sólo, llegaba alguien.