martes, 9 de febrero de 2016

Un viaje se disfruta

Yo tenía 17 años. Estaba en Los Angeles, con Jonathan. Estábamos en el autobús en dirección a casa de Devora, a unos 25 minutos. Nos sentamos casi hasta atrás, y después de un rato me di cuenta que justo enfrente, atrás del chofer y sobre un soporte de la llanta (en donde es poco común que alguien lo encuentre cómodo), se encontraba una chica, casi como de mi edad, sentada. Pero no solo la veía como sentada, me llenó de curiosidad. Estaba descalza, pero no parecía alguien que fuera pobre. Tenia un vestido rojo, muy lindo. Cabello rubio largo y ondulado. Los ojos cerrados, y la boca sonriendo. Se veía muy libre. No le importaba nada, mas que disfrutar del viaje. No estoy seguro si estaba drogada, o ebria. Pero sí sabía que estaba ahí y a la vez no. Lo estaba disfrutando mucho, y se sentía una energía muy ligera. Me causó envidia. Me quería sentir como ella, sin preocupaciones ni privaciones. Hasta parecía que no le importaba si pasaba su parada de autobús, quizá ni se dió cuenta de la ruta que tomó. Pero no importaba nada, ella sonreía y se quedaba tranquila.

Todo esto lo recordé en el metro, de regreso a casa. Me pregunto si a alguien le he causado ese impacto de alguna u otra manera, observándome mientras viajo. No creo. O no sé.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Carta a Amauri I

Lo que ocurre, señor Amauri, es que me permití tener el tiempo para gastarlo en ocio, hasta cansarme y entonces tener la voluntad suficiente para levantarme de la cama lentamente, y buscar pluma y papel para escribirte. Y yo estando desnudo. Porque vaya, una piedra como yo no tiene tiempo para el pudor.

Sepa usted y lo repito constantemente: me encuentro ampliamente agradecido con usted. Repetí la terminación "-mente" y la palabra "usted" en una sola frase. Qué vergüenza. Y definitivamente no me gusta el formato de esta hoja. Es demasiado pequeña y tienes

                                                              que voltearla para terminar de leer. Pero bueno, es lo que hay y en estos momentos como estos uno no puede terminar siendo caprichoso. O sí. O no.
Pues ya, quería escribirte. Y aquí estoy. Haciéndolo. Obviamente. Y nada, el mensaje es el mismo de siempre. Te quiero y te agradesco todo lo que me has dado. A pesar de que de darte nada para ti sea el recibir todo. Ya no lo creo.

Anoche vi la de Dancer in the Dark, y me acorde de ti en un texto expuesto antes de los créditos. Disculpa mi ortografía y mi terrible letra. Cuándo desayunamos?

- Simón

domingo, 6 de diciembre de 2015

Hora dorada después de los abrazos rotos.


Ya no sé que escribir. Están llegando los primeros días de Diciembre y con ellos regresa ese frío que habíamos olvidado. Hoy me cortaron el cabello y no me gustó el resultado. Mañana tengo presentación con los del trabajo y los desvelos de la semana pasada han ahuyentado un poco mi emoción para presentar al cliente. Y ayer, pues ayer tuve una mañana y una tarde bastante placentera. Fue lindo, de esos momentos que no quieres que terminen. No sé que esté pasando realmente, pero no me importa. Es algo que se disfruta y fluye en ambos lados, y con eso nos quedamos.

"Me gusta oler a ti"