martes, 13 de octubre de 2015

Cartas a Diego I

Delgado de luna mía

Cómo me gusta mirarte a los ojos,
cómo me gusta quizá inventándolo desde
mis adentros, que tus ojos
sonríen cuando los veo,
como un efecto de espejo
y no de espejismo,
me invento mil razones
pero sé que la más importante
es la que confirmo
cuando sonreímos
al mismo tiempo.

Cuando me doy cuenta
que la fascinación arde
como fuego de noche
y se extiende
en nuestras manos.

Chingado
que desde que dormimos juntos
no paro de soñar despierto
y me llamo a mi mismo
lunático
pero en verdad exclamo
que al acostar mi somnolencia
en tu espalda,
la luna
se vuelve almohada.